La televisión cultural mexicana

por: Florence Toussaint / Universidad Nacional Autónoma de México

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Anuncio de un programa del Canal 11

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La política cultural

Las reglas generales de la política se adaptan a las distintas esferas de lo social. En el caso de las televisoras públicas, retomaremos el concepto acuñado por Toby Miller y George Judice sobre política cultural. Dicen estos autores que la cultura se vincula con la política “en dos registros: el estético y el antropológico. En el registro estético, la producción artística surge de individuos creativos y se la juzga según criterios estéticos encuadrados por los intereses y prácticas de la crítica y la historia cultural. (…) El registro antropológico (…) toma la cultura como un indicador de la manera en que vivimos, el sentido del lugar y el de persona que nos vuelven humanos…”[i].

Señalan además cómo lo estético distingue a las personas dentro de una comunidad, mientras que lo antropológico marca las diferencias entre comunidades. Los grupos dentro de una sociedad pueden apreciar de distinta manera lo estético gracias a su capital cultural, de acuerdo con el concepto de Bourdieu, mientras que por ejemplo entre países, la lengua, la religión, las costumbres, la economía y la historia dan identidades distintas a cada uno.

De acuerdo con el país, la política cultural se materializa tanto en las acciones del Estado como en sus instituciones. Estas se convierten en el puente entre lo estético y lo antropológico[ii].

Imágen del Canal 22

Imágen del Canal 22

La política cultural del Estado mexicano, respecto de la televisión, tiene dos vertientes. Por un lado el marco legal, que ha surgido de la toma de ciertas decisiones y de la lucha de fracciones diversas dentro del grupo gobernante. De otra parte en sus instituciones, es decir en los sistemas televisivos que se han ido creando y que conforman actualmente un conglomerado con un perfil definido. Este se va moldeando de acuerdo con las políticas, generalmente sexenales. Pero también con las aportaciones que el público realiza a través de organismos de la sociedad civil, de los críticos, de los académicos y de miembros del Congreso que han participado en el debate acerca de la necesidad de que existan las televisoras públicas.

Televisión cultural

La televisión cultural se refiere a todos los sistemas que, independientemente de los contenidos que difundan, han surgido de un apremio estético, de un objetivo que apunta al uso social de una tecnología que tiene un alcance masivo. Se les denomina de distintas maneras: pública, permisionada[iii], no lucrativa, gubernamental, estatal, sin embargo atienden, para ser consideradas así, al mismo principio.

Con el surgimiento de la televisión como industria en 1950, el Estado mexicano decidió otorgar a la inversión privada, el usufructo de señales definidas por la Constitución de la República como propiedad original de la nación, para que desarrollaran el gran negocio que hoy consiste en la existencia de los consorcios privados Televisa, TvAzteca, Multivisión de alcance nacional e internacional, además de otros pequeños grupos locales.

Anuncio de Primer Plano, un programa del Canal 11

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Paralelamente se estableció el criterio de reservar para uso público una porción minoritaria del espectro. Esta política se hizo patente hasta la aparición, en 1958, de Canal 11. La emisora fue adscrita al Instituto Politécnico Nacional (IPN) y así opera hasta la fecha.

La política privatizadora y neoliberal desatada en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) afectó de manera particularmente dura a los medios públicos. En 1993 Imevisión se disolvió, fueron subastados sus redes 7 y 13 y adquiridas por Salinas Pliego con lo cual aparece en el espectro TvAzteca.

Otro intento cultural, aun vigente, es Canal 22. Nació al mismo tiempo que se vendía Imevisión. Fue rescatado del paquete de medios ofrecidos a la iniciativa privada. Con todas las vicisitudes de los canales gubernamentales, ha vivido ya casi tres sexenios.

Anuncio para la nueva temporada en Canal 22

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En los años 80 y 90, la mayoría de los Estados de la República, obtuvieron permiso o concesión para operar señales televisivas abiertas. Su desarrollo se encuentra vinculado con el gobierno estatal en turno, lo que ha resultado en políticas contradictorias y cambiantes; en programación que fluctúa entre la calidad y el oficialismo. Sin embargo constituyen un espacio que ha sido preservado para la cultura.

Existen 22 permisos para los Gobiernos de los Estados, 3 para las universidades, 1 para el IPN. Canal 22 es una concesión.[iv] Un total de 27 televisoras aéreas abiertas de perfil cultural. Hay que agregar además, las repetidoras.

A partir del año 2000 se abrió una posibilidad inédita en el país: contar con señales televisivas culturales que solamente circulan por medios de paga como el cable y el satélite: El Canal del Congreso, el Canal Judicial, AprendeTV y TVUNAM, el canal de los universitarios. Es decir que en la etapa que va de 1985 a la fecha, la pantalla se ha diversificado.

Y está en emergencia un fenómeno nuevo: la internacionalización de las televisoras culturales. Varios canales mexicanos han traspasado las fronteras y ahora pueden verse en algunos Estados de la Unión Americana.

Para concluir

La política cultural respecto de la televisión puede resumirse diciendo que el modelo elegido es el mixto. Pantalla chica privada y pública. Sin embargo ésta última ha transitado por diversas orientaciones, lo cual no le ha permitido madurar ni insertarse de manera definitiva en el gusto del público. Los vaivenes de la política, manifestados en la creación de sistemas televisivos para luego venderlos, en el apoyo de canales para luego recortarles el presupuesto, en el apoyo de productoras para mantener enlatadas sus series porque no hay canales de distribución, han mantenido a las televisoras culturales en un permanente desasosiego.

Notas
Toby Miller y George Judice, Política Cultural, Gedisa, Barcelona, 2004, p. 11.
Op.cit. p.11.
En la legislación mexicana existen dos figuras para designar y otorgar frecuencias de radio y televisión: el permiso y la concesión. En el primer caso no se puede vender espacio. En el segundo sí.
Véase la nota 3.

Toby Miller y George Judice, Política Cultural, Gedisa, Barcelona, 2004.

Pierre Bourdieu, La Distinción, Taurus, México, 1998.

Richeri, Giuseppe, La transición de la televisión, Bosch, Barcelona, 1994.

Toussaint, Florence (Coord). ¿Televisión pública en México?, CONACULTA, México, 1993.

Toussaint, Florence. Actualidad de las televisoras culturales, texto 11, Filmoteca UNAM, México, marzo de 2001.

—. “La oferta televisiva abierta en la ciudad de México (2003)” en Lenin Martell (coordinador). Hacia la construcción de una ciencia de la comunicación en México, AMIC, México, 2004.

Imágenes
Imágen cortesía de autor.

Florence Toussaint es profesora en la Universidad Nacional Autónoma de México.

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by: Florence Toussaint / Universidad Nacional Autónoma de México

Cultural Policy

General policy regulations are adaptable to distinct social spheres. In the case of public television, we find useful Toby Miller and George Judice’s concept of cultural policy. These authors state that culture links to policy in two registers: the aesthetic and the anthropological. In the aesthetic register, artistic production arises from creative individuals and is judged according to aesthetic criteria delimited by critical and cultural interests and historical practices. The anthropoligical register understands culture as indicative of how we live our lives, our sense of place and self that make us human.[i]

They also point out how the aesthetic register is used to distinguish between people within a community, while the anthropological marks differences between communities. Groups within a society may have differing aesthetic tastes, dinstinguishable by their cultural capital as in Bourdieu’s model, while between countries, for example, language, religión, traditions, economics, and history foster distinct identities in each.

Accordingly, in each country, cultural policies are evident equally in actions at the State level as at the level of its institutions. These actions mark the bridge between the aesthetic and the anthropological registers[ii].

With respect to television, Mexico’s cultural policy has two facets. On one side, legal frameworks have arisen based on various rulings and out of diverse government factions. On the other side, institutions, which constitute the television system, have been created which operate as a conglomerate with its own agenda. The latter structure changes in accordance with political changes, roughly every six years [when major election cycles in Mexico take place]. But it also changes through actions taken by the public through special interest groups, critics, academics, and Congress persons who have participated in debates about the need for public television outlets.

Cultural Television

Cultural television refers to systems that, independently of the content they air, have arisen out of urgent need, with an objective of putting to social use a technology with the ability to reach so many. It has been labeled alternately “public,” “state-licensed,”[iii] “non-profit,” “goverment,” “state,” while all the while, at the core, reflecting the same goal.

As the television industry grew rapidly in 1950, the Mexican State ceded to private investment the use and profit of the signals defined as the rightful property of the nation by the Constitution of the Republic. This resulted in the grand business scheme that exists today as the private consortiums of Televisa, TvAzteca, and Multivisión, with national and international interests, as well as other smaller, regional, groups.

At the same time, a small part of the spectrum was reserved for public use. This policy was realized most obviously through the creation of Canal 11 [Channel 11] in 1958. The station was attached to the National Polytechnic Institute (IPN) and continues to operate from there to this day.

The neoliberal policies of privitization unleashed during the presidency of Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) were especially troubling for public media outlets. In 1993, Imevisión was dissolved and its networks 7 and 13 were auctioned to Salinas Pliego with which it now appears on the TvAzteca spectrum.

Another long-standing effort towards cultural television, is Canal 22 [Channel 22]. It was created at the same time as Imevisión’s sale. It was rescued from among the others which were offered to the privatization initiative. Canal 22 has managed to survive the ups and downs of almost three governmental changeovers.

In the 1980s and 1990s, the majority of Mexican States were able to obtain licenses (public or private) to operate open broadcasting television signals. Their development has been intricately linked with the state governments, which has resulted in contradictory and inconsistent policies; their programming has alternated between quality and state propaganda. Nonetheless, they do provide a space which is reserved for culture.

There are currently 22 permits for state goverments, 3 for universities, and 1 for IPN. Canal 22 operates under a private license.[iv] This means that there exist a total of 27 cultural television signals. In addition, we must also recognize the existence of an associated network of TV relays.
Since the year 2000, another possibility has arisen that has not yet been fully accounted for: the transmission of cultural television signals which circulate entirely through subscription services like cable and satellite. Goverment stations such as El Canal del Congreso and el Canal Judicial, AprendeTV, and the university channel TVUNAM. We should recognize that since 1985 the screen has been diversifying.

Yet another phenomenon is on the rise: the internationalization of cultural television. Many Mexican channels challenge international borders and may be watched from within the United States of America.

Conclusions

With respect to television, cultural policy often ends up supporting a mixed model. The small screen as private and public. Nevertheless, the latter has existed in so many incarnations it has not been permitted to mature nor has it managed to definitively cultivate a loyal audience. Inconsistent policies, evident in the process of creating television networks just to sell them, in funding channels just to yank away their budgets, in supporting producers just to shelve their work “in the can” because there are no distribution outlets, have left cultural television in a permanent state of anxiety.

Notes
Toby Miller y George Judice, Política Cultural, Gedisa, Barcelona, 2004, p. 11.
Ibid, p. 11.
The term here is “permisionada,” which in Mexico refers to a station that is state-owned but is licensed for non-commercial use.
The term used here is “una concesión.” “Concesionada” is contrasted to “permisionada” in that the former is a privately-owned license. Additionally the former license permits the sale of ad time, while the latter does not.

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Image Credits: (located in primary Spanish text)
Images provided by author.

Author: Florence Toussaint is a professor at the Universidad Nacional Autónoma de México (the National Autonomous University of Mexico).

Translator: Jean Anne Lauer is a PhD Candidate at the University of Texas at Austin and a Senior Editor of Flow.